Desfile de Custo Barcelona en la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid: Pura pasión
¿Puede Custo Barcelona seguir dictando las reglas del deseo cuarenta años después?
Estamos en septiembre de 2026, en Madrid, concretamente en la vibrante terraza del Campus de Comunicación y Artes de la Universidad Nebrija, donde la pasarela cruzada dictamina el pulso de la temporada. Aquí, el ruido de la ciudad se silencia para ceder el paso a la nueva apuesta de una firma que lleva décadas reescribiendo su propia supervivencia con un audaz instinto comercial.
El Desfile de Custo Barcelona en la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, celebrado en septiembre de 2026, presentó la colección Unexpected para la primavera/verano 2027. Liderada por Custo Dalmau y David Dalmau, la firma mostró en la Universidad Nebrija una línea alejada de sus históricos estampados, apostando por transparencias fluidas. Respaldada por el grupo Aeffe, esta pasarela en Madrid consolida firmemente el regreso comercial de la marca tras su reciente éxito en Nueva York.
El murmullo cesa cuando la primera modelo pisa la pista de hormigón y cristal. La luz dorada de la tarde madrileña arranca destellos metalizados a un tejido que parece flotar sobre el cuerpo en lugar de vestirlo. Miro alrededor y veo a la industria tomando notas febriles, a los fotógrafos buscando el ángulo perfecto y a los críticos analizando cada costura. Asistir hoy a un desfile de Custo Barcelona en la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid nunca es un mero trámite de calendario; es un ejercicio simultáneo de arqueología emocional y futurismo estético. Atrás quedaron los estampados estridentes y abigarrados que saturaban la retina en los años noventa. Hoy, lo que domina la escena es la arquitectura del cuerpo, la transparencia desnuda y una paleta de tonos pastel que habla de una marca madura, casi desafiante en su nueva ligereza. Es fascinante comprobar cómo una firma que cimentó todo su imperio en el ruido visual ha decidido ahora conquistar el mercado desde el susurro táctil.
¿Cómo se fraguó el imperio de Custo Barcelona antes de conquistar el mundo?
Para entender el peso real de lo que estamos presenciando en esta terraza, hay que viajar muy atrás. Y no a un atelier parisino lleno de tules y maniquíes, sino a una carretera polvorienta a finales de los años setenta. Me gusta recordar esta anécdota porque define el carácter indomable de la marca: Ángel Custodio Dalmau i Salmón (nacido en Tremp, Lleida, en 1959) y su inseparable hermano menor no tenían ni la más remota idea de costura. Custo abandonó sus estudios de arquitectura en Barcelona, asfixiado por la rigidez matemática de la geometría descriptiva. Con más osadía que plan de negocio, consiguieron que una marca de motocicletas los patrocinara y se lanzaron a cruzar América de punta a punta, en un viaje salvaje desde las nieves de Alaska hasta el viento helado de Tierra del Fuego.
Fue precisamente en la costa de California donde el sol, la despreocupada estética surfera y los ecos tardíos de la psicodelia chocaron contra ellos de frente. Se dieron cuenta de algo brutalmente simple, una epifanía comercial: en la España de la transición, la camiseta era ropa interior o un trapo funcional básico; en Estados Unidos, era un lienzo en blanco, una plataforma gráfica para la identidad individual. Regresaron a casa sin saber dar una puntada, pero con la visión de mercado intacta. En 1981, fundaron Custo Line. Eran diseñadores gráficos estampando rebeldía en metros de algodón, vendiendo un estilo de vida irreverente que el público europeo devoró con ansia.

¿De qué manera la quiebra salvó a Custo Barcelona en los noventa?
Pero el mercado real, el de los números y las nóminas, no perdona el romanticismo si no hay un buen libro de cuentas detrás, y la gestión terminó pasando factura. Las ventas de sus colecciones masculinas funcionaban razonablemente bien durante los ochenta, pero la inexperiencia de los hermanos en la logística y la cadena de suministro fue letal. En 1996, la empresa quebró. La culpa la tuvo, en gran medida, la desastrosa gestión operativa del grupo textil que entonces controlaba su fabricación y reparto. Cualquier otra marca nacional habría bajado la persiana silenciosamente y sus fundadores habrían buscado un empleo fijo. Ellos no. Con una testarudez admirable, decidieron rebautizar el proyecto temporalmente como Custo of Barcelona y apuntar directamente al mercado internacional.
El punto de inflexión, ese momento exacto en el que la historia de la moda española metió una marcha que nadie esperaba, ocurrió en 1997. Recibieron una invitación —casi un reto— para la New York Fashion Week. El debut se montó de forma precaria en el modesto gimnasio de una escuela del barrio de NoLiTa. Aquel show no fue solo una pasarela, fue una declaración de guerra frontal al aburrimiento estético. El minimalismo lánguido y monocromático reinaba con puño de hierro en las capitales de la moda; todo eran líneas rectas, negro absoluto y vestidos lenceros de seda aburridos. Frente a esa solemnidad, los catalanes irrumpieron con colores ácidos, texturas imposibles, mangas asimétricas y parches irreverentes.
¿Por qué Hollywood se rindió a las camisetas de Custo Barcelona?
La bautizada como «Customanía» estalló a nivel global porque ofrecía exactamente lo contrario a la norma establecida. A veces, la estrategia de posicionamiento más inteligente es hacer un ruido tremendo en una sala donde todos susurran. Sin contar con las gigantescas agencias de relaciones públicas que respaldaban a las firmas francesas o italianas, los estilistas de las grandes estrellas de Hollywood comenzaron a comprar sus prendas a escondidas, fascinados por esa etiqueta que se definía a sí misma como «totalmente antimoda».
De repente, encendías el televisor y veías una camiseta Custo estampada en episodios clave de Friends o vistiendo a las protagonistas de Sexo en Nueva York. La icónica Julia Roberts la llevó con descaro en Novia a la fuga, y nombres de la talla de Jennifer Aniston, Natalie Portman, Penélope Cruz, Madonna o el mismísimo Brad Pitt se convirtieron en embajadores orgánicos, gratuitos y masivos de la marca. En la cúspide de aquella fiebre comercial, llegaron a abrir ochenta tiendas propias y a estar presentes en más de mil setecientos puntos de venta en cincuenta países, compartiendo espacio en titanes del lujo americano como Saks y Neiman Marcus. Todo ello, gestionado desde su cuartel general en El Prat de Llobregat.
¿Qué estrategia empresarial mantiene viva a Custo Barcelona hoy?
Sin embargo, la moda es un péndulo despiadado. Con la llegada de la década de 2010, un nuevo resurgir del minimalismo golpeó el sector, y la dura crisis económica global barrió el exceso de los armarios. La sociedad Blue Tower, matriz financiera del negocio, sufrió un revés monumental. Ver caer el volumen de facturación de cuarenta y tres millones de euros a apenas veintiocho en un solo ejercicio crítico no es una simple corrección de mercado; es una hemorragia empresarial grave. Hubo dolorosos cierres de tiendas, reducción obligada de plantilla, e incluso el nombre personal del diseñador acabó asomando esporádicamente en la infame lista de morosos de Hacienda durante esos años de tormenta perfecta.
Pero, de nuevo, la resistencia de esta gente es digna de estudio. En 2019, ejecutando un movimiento maestro de supervivencia y externalización, firmaron una alianza estratégica con la filial Velmar del grupo italiano Aeffe (el poderoso conglomerado europeo que maneja firmas como Moschino o Alberta Ferretti). Este jugoso contrato de licencia, plenamente vigente hasta 2028, trasladó toda la operativa logística, de producción y de distribución a sus oficinas en Rímini. Este salvavidas corporativo es el verdadero motor en la sombra que permite a la marca presentar hoy sus colecciones en tres capitales distintas de la moda sin quebrar en el intento.
¿Dónde se esconde la producción real de Custo Barcelona en la actualidad?
Según nuestras propias investigaciones y el análisis de la redacción, el origen de fabricación de una prenda revela los verdaderos márgenes de beneficio y la realidad operativa de una empresa. Atrás quedaron los locos tiempos de bonanza donde se diversificaba salvajemente la costura por fábricas de Tailandia o Italia. Hoy, buceando en la oferta comercial actual respaldada por Aeffe, observamos un pragmatismo absoluto.
Una parte muy representativa del catálogo exhibe con orgullo etiquetas «Made in Spain» y «Made in Portugal», buscando consolidar ese necesario sello de proximidad, sostenibilidad y calidad artesanal europea. Sin embargo, no hay que llamarse a engaño: la etiqueta de China sigue firmemente presente en aquellas referencias del muestrario que exigen grandes volúmenes de tirada o una complejidad técnica de ensamblaje que desborda el escandallo de costes local. Es un equilibrio puramente financiero; una balanza de rentabilidad que cualquier firma global ejecuta a diario sin complejos.
¿Qué cuenta la colección Unexpected de Custo Barcelona sobre su futuro?
Volviendo a la escena que tengo ante mis ojos, este espectacular desfile de Custo Barcelona en la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid funciona como un eco amplificado y afinado de lo que la firma mostró escasos días atrás en Manhattan. La propuesta Unexpected —compuesta por treinta y cinco looks minuciosamente pensados— hace honor literal a su nombre: es un imprevisto total. El debut neoyorquino del pasado 11 de septiembre en la icónica terraza del Rockefeller Center, justo frente a las agujas de la catedral de San Patricio, estuvo cargado de una electricidad nostálgica densa. Han pasado treinta años exactos desde aquel gimnasio destartalado en NoLiTa, y justo un cuarto de siglo desde aquel funesto 2001 donde los atentados terroristas les robaron el derecho a desfilar.
Pero aquí, bajo el cielo de la capital española, la ropa respira de otra manera. Lo que en Nueva York busca el impacto fotográfico inmediato, aquí se asienta en el detalle cercano. El propio diseñador lo definió a la perfección al declarar que ahora crean «piezas emocionales», diseñando para un público que es consciente de que la moda no es, en absoluto, una necesidad vital, sino un juego voluntario. Lo vemos en la pasarela: faldas micro extremadamente cortas, escotes infinitos, tiros bajos que desafían la gravedad y mangas muy amplias. Juegan a una sensualidad descarada pero envolvente, construida a base de complejos drapeados y patchworks bordados a mano. Es evidente que han decidido dejar de gritar con colores flúor para empezar a seducir con texturas maduras.
¿Hacia dónde se dirige Custo Barcelona con la sombra de Milán en el horizonte?
Aquí es donde el mapa del futuro se vuelve apasionante. Al integrarse bajo el paraguas de un gigante industrial italiano, la marca está obligada a jugar también con las exigentes reglas de la Milan Fashion Week, un ecosistema hostil y ultracompetitivo donde el respaldo distributivo de Aeffe en Europa es absolutamente crucial. El equipo directivo sabe perfectamente que su archivo histórico de los noventa vale su peso en oro —la tendencia retro siempre acecha—, pero son conscientes de que una marca de pasarela no puede sobrevivir eternamente reeditando la camiseta psicodélica que lucía Julia Roberts hace veinticinco años.
Unexpected confirma una metamorfosis irreversible. El audaz giro hacia una sofisticación más arquitectónica y etérea, dejando atrás la dictadura del estampado voraz, plantea un enorme desafío de identidad comercial. Si apuestas todo a la elegancia de las transparencias y los tonos empolvados, corres el altísimo riesgo de difuminarte estéticamente entre docenas de firmas contemporáneas que hacen exactamente lo mismo. El contrato con los italianos tiene fecha límite en 2028. Hasta ese día, seguiremos siendo testigos de una fascinante dualidad de mercado: el alma indomable y rebelde española, envasada y perfeccionada dentro de una implacable maquinaria corporativa italiana.
Respuestas rápidas al universo de Custo Barcelona
¿Quiénes fundaron la firma y cómo fueron sus inicios? Los hermanos Custo y David Dalmau la iniciaron en 1981 bajo el nombre original de Custo Line, inspirados comercialmente tras un largo viaje en motocicleta por el continente americano.
¿Por qué quebró la primera encarnación de la marca en los noventa? En 1996, la falta de experiencia de los fundadores y la nefasta gestión del socio fabricante ahogaron financieramente a la compañía, forzando un cierre y un replanteamiento total del negocio.
¿Cuándo y dónde despegó realmente su éxito internacional masivo? Ocurrió en 1997, cuando lograron colarse en la Semana de la Moda de Nueva York, presentando prendas de colores ácidos en pleno reinado internacional del minimalismo más estricto.
¿Qué acuerdo empresarial salvó la viabilidad comercial reciente de la firma? La firma de un extenso contrato de licencia en 2019 con Velmar, filial del grupo italiano Aeffe, que asume el riesgo de la producción y la distribución mundial hasta el año 2028.
¿Cuáles son las claves estéticas de su nueva colección Unexpected? Representa un claro alejamiento de los estampados gráficos estridentes para dar paso a tonos pastel, destellos metalizados, transparencias extremas y siluetas muy fluidas y sensuales.
¿En qué países fabrica actualmente sus colecciones de temporada? Mantienen una cadena de producción fragmentada y pragmática, destacando líneas de fabricación de proximidad en España y Portugal, pero apoyándose en el músculo industrial de China para ciertas piezas complejas o de alto volumen.
¿Podrá una marca que nació de la anarquía visual y el exceso de color sobrevivir a su propia madurez sin perder por el camino a la generación rebelde que la encumbró? ¿Será este nuevo refinamiento de inspiración italiana el golpe de gracia definitivo que aniquile su esencia callejera, o el pasaporte exacto que necesitaban para consagrarse en la eternidad de la alta costura?