La colección de Isabel Marant primavera verano 2026 es, al mismo tiempo, un testamento de 30 años de ADN creativo y la primera declaración oficial de una nueva era: la de Kim Bekker al frente de la dirección creativa de la maison parisina.
Kim Bekker no es una recién llegada lanzada desde fuera para sacudir la firma. Ha trabajado codo a codo con Isabel Marant durante años, interiorizando los códigos de la casa antes de heredar su timón. Su debut oficial como directora creativa sucedió el 2 de octubre de 2025, cuando salió a saludar al público al final del desfile en lugar de la fundadora. Esa imagen lo decía todo sin necesidad de comunicado de prensa: Marant cedía el testigo después de tres décadas, y lo hacía con alguien que ya conocía cada hilo de la narrativa. Bekker trae consigo, según describen quienes cubrieron el desfile, una visión atenta al detalle, comprometida con el movimiento y sensible al equilibrio entre utilidad y romanticismo.
El escenario: las Colonnes de Buren y el Palais-Royal
El desfile se presentó en el Palais-Royal, concretamente en la Place Colette, con las icónicas columnas de Buren convertidas en pasarela al aire libre. El suelo de tierra batida contrastaba con la etérea ligereza de los looks, y la música en directo estuvo a cargo de Little Simz, lo que convirtió el evento en algo más cercano a una experiencia cultural que a un show corporativo. El front row reunió a Paris Hilton, Georgia May Jagger, Iris Law y Lou Doillon, señal de que la marca mantiene su gravitación cultural en la intersección entre música indie, arte y moda de calle sofisticada.
La narrativa central: la nómada que sigue el sol
Toda la colección SS26 se articula alrededor de un único relato: una mujer que viaja sola, atraída por la luz, moviéndose entre vastas llanuras y costas. No es una narrativa nueva para Isabel Marant, pero Bekker la reencuadra desde un ángulo más arqueológico: los tejidos y las pieles no parecen recién salidos de una tienda, sino desgastados por el tiempo, marcados por el calor del desierto, impregnados de trayecto. Cada prenda lleva las huellas del viaje inscrito en su textura, lo que da coherencia filosófica a cada elección de material.

Paleta cromática: del amanecer al cielo nocturno
Los colores de la colección siguen el ciclo de la luz a lo largo del día, lo que es una decisión narrativa tan precisa como estética. La primera mitad del desfile se desarrolla en arena, crudo, amarillo pálido y bronce, tonos descoloridos por el sol como si la ropa llevara semanas expuesta a la intemperie. El denim azul aparece bordado con estallidos florales, aportando vida en tránsito. A medida que avanza el desfile, la paleta oscurece con la caída de la noche: el negro emerge, el violeta lo sigue, y el show cierra con una camuflaje estelar que evoca el cielo despejado del desierto en plena madrugada. Rosa suave, caqui y tonos polvo completan el espectro para los looks masculinos que integra la colección.
Materiales y construcción: artesanía como lenguaje
Aquí es donde la colección SS26 adquiere su mayor densidad conceptual. Las sedas lavadas y los jerseys suaves crean una apariencia de tejido envejecido por el tiempo, mientras que las pieles aparecen repujadas y quemadas por el calor. El crochet en calibres ultraligeros flota alrededor del cuerpo sin peso. Los bordados totémicos y los flecos con cuentas remiten a una artesanía ritualista, casi chamánica, y las joyas grabadas con texturas de corteza refuerzan la conexión con la naturaleza más primaria. El ante vuelve a ser protagonista en chalecos y abrigos ligeros, mientras que los encajes calados revelan una sensualidad discreta en la línea Marant Étoile.
El lino, el algodón de gasa y la seda lavada de la línea Étoile completan el universo de materiales con prendas pensadas para rozar la piel, no para estructurar la silueta. Es un guardarropa diseñado para la adaptabilidad climática: que funcione igual bajo el sol del mediodía que en la brisa de la tarde.
Lo que la diferencia de las colecciones anteriores
Durante 30 años, el boho chic de Isabel Marant tenía un referente temporal claro: los años 70 filtrados por el París de los 90. Bekker mantiene ese ADN pero introduce dos variables que desplazan la estética hacia territorio nuevo. La primera es la dimensión utilitaria: pantalones cargo y chaquetas de bolsillos solapados en tejidos casi ingrávidos que no pesaban sobre la silueta sino que la liberaban. La segunda es el guiño generacional al indie sleaze de los 2000: minivestidos desgastados, collares maximalistas y las contundentes botas pirata, recuperadas en versiones de ante marrón con detalles metálicos o lazos contrastantes. Esas botas, favoritas de Kate Moss en su momento, cruzaron el puente entre el boho clásico y las referencias más rock que Bekker quiere incorporar al vocabulario de la firma. La colección también amplía genuinamente el alcance del género: menswear y womenswear se cruzan mediante shorts cortados y enrollados, vests de ante con ojales y camisetas de punto calado que funcionan para cualquier cuerpo.
El «Mad Max bohemio»: desierto, rituales y distancia
Varios críticos y editoras de moda bautizaron el espíritu de esta colección como «Mad Max bohemio», y la etiqueta es más precisa de lo que parece. No hay en ella apocalipsis ni distopía, sino la estética de la supervivencia elegante: prendas que parecen haber atravesado desiertos y mercados, pieles repujadas como escudos decorativos, bordados totémicos que hablan de rituales más que de tendencias, flecos con cuentas que suenan al moverse. Es la nómada posmoderna que no teme al polvo, que usa el calor como aliado estilístico y que convierte cada prenda en un objeto con historia antes de haberla vivido. El «Mad Max bohemio» no es un mood de pasarela sino una propuesta de mundo: vivir ligero, viajar con belleza y no distinguir entre ropa de trabajo y ropa de fiesta.
Cómo combinar los looks de crochet y cuero este verano
La fórmula que propone la colección es deliberadamente sencilla en su construcción aunque compleja en su resultado visual. El crochet, al ser ultraligero y abierto, se lleva mejor sobre piel desnuda o sobre un body mínimo en tono crudo o arena, evitando subyacentes que compitan con la textura calada. El cuero o ante repujado entra en los looks como pieza de contraste táctil: un chaleco corto de ante sobre un vestido vaporoso de seda lavada, o una falda de piel desgastada con un top de crochet holgado funcionan dentro de la lógica SS26 porque mezclan lo rugoso y lo etéreo sin que ninguno de los dos materiales anule al otro. Los accesorios que propone la colección son clave para completar el estilo: bolsos holgados al hombro en cuero con textura, pañuelos anudados a la cintura como acento nómada y las joyas grabadas de inspiración orgánica. El calzado en el que descansa todo el sistema son las botas pirata de ante en tonos tierra, que funcionan incluso con vestidos vaporosos porque el peso visual queda anclado abajo, liberando el resto de la silueta para que fluya.