MODA DEL RENACIMIENTO Y PINTURA FLAMENCA

in ASI FUE/PORTADA

¿Conectó la pintura flamenca con la moda del renacimiento? – Con clases de historia en Madrid aprendemos la influencia de la moda flamenca del XV y XVI.

Nos ponemos en contacto con la Academia en Madrid de Clases de historia del arte en Madrid para recabar información acerca de la moda en los siglos XV y XVI porque queremos saber y argumentar que influencia pudo tener la Pintura flamenca y el arte flamenco en general en la posterior evolución de la moda. Y de lo que nos cuentan, sacamos las siguientes conclusiones:

Una revolución, que resulta hermana al ocurrir en los otros géneros de expresión creativa, fue generada por el fuerte intercambio cultural resultante del instante de los descubrimientos.

De la época nos encontramos con muchas curiosidades a estudiar. Por ejemplo, el recubrimiento renacentista masculino era de lo más curioso. La mayor parte de los hombres empleaba un corte de pelo con movimiento, si bien la longitud del pelo era determinada por el gusto individual, asimismo si era recto o bien rizado. De Clases de historia del arte Madrid hemos aprendido mucho y seguiremos haciéndolo. Cosas como que el realce de la figura de la mujer en el Renacimiento se identificaba por medio de la distorsión. 

Las telas preferidas por entonces para la confección eran las sedas, rasos, terciopelos, brocados, damascos… enriquecidas todavía más por los bordados con hilos de plata y oro. Se las agregaba perlas y piedras bellas, que merced a la difusión de la aguja de acero introducida por los moriscos en España, dejaba efectuar diversas intervenciones de una manera más fina y frágil. Las mujeres podían llevar el pelo con estructuras elaboradas, como es el caso de las alemanas.

La Indumentaria en el Renacimiento

El Renacimiento va a estar marcado por el nuevo paradigma de pensamiento, que es el antropocentrismo basándose en la idealización de la figura humana.

Muchas mejoras se ven reflejadas en los nuevos materiales.

La lana se empezará a usar aportando un calor permanente a lo largo de los meses más fríos del año, pero la más fina se sacaba de las ovejas merinas españolas, originarias de la zona central de España.

El algodón es un material proveniente de la India, y las prendas elaboradas con él eran muy populares por sus diseños coloridos.

Peculiaridades de la indumentaria en el Renacimiento en la Vestimenta femenina

La vestimenta básica era una camisa interior de lino blanco, manga larga, sobre ella un vestido de cintura alta de color contrastante. El escote se hizo en forma de V hasta la línea de la cintura, y se agregó una pieza de tejido recio para tapar el pecho como triángulo invertido llamado tassel. Las mangas se abrían a la altura de los hombros y de los codos, en la parte trasera, para dejar asomar por las aberturas las mangas de la prenda interior.

La ropa francesa va a estar compuesta por Corset, Verdugado De España y mangas angostas. Aparecen los pliegues y lencería y se usarán braguitas, calzas y camisas. Como tercera piel se emplea el marlotte y como accesorios se utiliza el Attifet, gorguera y navajadas. Una característica de la prenda Francesa va a estar marcada por el tambor.

Quizá sea verdad que solo cierto género de pintura es capaz de despertar unas reflexiones tan precisas a propósito del dolor como las de Auden, llamando la atención sobre esa precisión poética tan singular de la pintura flamenca de los siglo XV y XVI. Tal vez resulta más atrayente que la italiana, pese a que ésta se privilegia por el alegato de autoridad como la enorme protagonista de los cambios en el gusto moderno.

Es en Italia donde se inventa la perspectiva que rige Occidente, aun cuando con la llegada de las vanguardias se trata de desbaratar. En cada visita nos recibe la izquierda de la sala de los flamencos el Museo del Prado.

El descendimiento de Rogier van der Weyden, ejecutado a mediados del siglo XV, nos captura sin miramientos con ese espacio agobiante en el que las figuras se calzan con una habilidad y una audacia impensada. Los pliegues dictan sentencia y en cada ademán se cuenta una historia enmarcada en el enorme relato de la muerte de Cristo. Las narraciones van desde las clases sociales epitomizadas por el suntuoso mantón, hasta el dolor que supieron tanto los Viejos Maestros. Un dolor que se refleja directamente en la verosimilitud de los fluidos –lágrimas y sangre, pintadas de esa forma tan singular. 

En el ademán de los cuerpos de las mujeres, esenciales en los relatos, flaquean entre el espacio constreñido, las rodillas dobladas, inútiles de mantenerse de pie. Son los objetos que se transforman en consumo en los bodegones flamencos del XVII. Los de Clara Peeters, en al Prado. Se trata de una compilación de arte flamenco que ocupa uno de los lugares preeminentes, en parte debido a las fascinación que dicho arte ejercitó en Felipe II, un gran amante del propio van de Weyden, del que hemos conocido toda su obra en Clases de historia del arte Madrid

Son asimismo los objetos como culto a los gremios de Robert Campin donde la vida de San José termina por ser el punto de inicio para un fantástico catálogo de herramientas. O bien ese espéculo que refleja al pintor como testigo y que tanto influye en Las Meninas. Ese espéculo que habla del lujo de quien puede tenerlo, de determinada burguesía tan moderna como la de las urbes imaginadas de los renacentistas italianos.

Los hombres tenían tendencias más marcadas que las mujeres. Podríamos decir que frente a la aparición de la indumentaria renacentista, se acabó esa atroz y dura era medieval en la que la ropa era recia y no había muchas opciones de vestido.

No obstante, a lo largo de los siglos XV y XVI se crearon nuevas telas y tejidos, nuevos diseños y generalmente hubo una explosión cultural que derivó en tendencias en la pintura, la estatua, la música y claro, también en la moda.

Sin embargo, las prendas femeninas imperaban en la moda de aquellos años, mas absolutamente nadie apreciaba que los caballeros tenían cierta implicación en la vida cultural y política, mas asimismo en la social, que implicaba la moda.

Los hombres más jóvenes acostumbraban a llevar una boina, mas era mucho menos ostentosa y adornada. Los colores oscuros y neutros prevalecían. Se creaba una armonía estética entre el atuendo. Dejaban que el pelo asomase y en su anhelo de lucir mayores, maduros y también impresionantes llevaban túnicas emulando a los altos mandos y cargos.

Y se tomaban la libertad de llevar capas largas. Pero eran mal vistos puesto que solo eran para autoridades y los grandes cargos. Los pertenecientes a la corte eran considerablemente más estilizados; no obstante, no podían vestir como el Rey, salvo que fuesen su mano derecha o bien tuviesen un cargo concreto. El sastre del rey, sus guardas, mensajeros y secretarios acostumbraban a entrar en escogidos, mas no exclusivos, conjuntos de personas que servían a los altos cargos monárquicos.

Por norma general utilizaban pantaloncillos aglobados que acompañaban con medias y zapatos en punta, como con camisas de botones y cremalleras que acostumbraban a cubrir sus cuellos. De la misma forma, tenían una suerte de hombrera que le daban volumen al cuerpo, cuando menos en esa zona…

Si quieres un post patrocinado, un banner, un publirreportaje o cualquier otra presencia publicitaria en mis blogs puedes escribirme a johnnyzuri@hotmail.com

Deja un comentario

Latest from ASI FUE

Jil Sander 2020

Jil Sander | Primavera Verano dos mil veinte por Lucie Meier y
Go to Top